Escrito por el magnífico Julio Cortázar, este relato pertenece a una colección de ocho cuentos cuyo título lleva el mismo nombre, Bestiario, publicada por primera vez en 1951 en la editorial Sudamericana.
Si tuviera que definir el relato con un solo adjetivo, este sería «bestial», no solo por cómo el autor trabaja la tensión narrativa sino también por el contenido, una mezcla de realidad ficticia, absurdo y fantasía que nos atrapa nada más comenzar a leerlo.
En «Bestiario», una niña llamada Isabel es enviada a casa de unos parientes, los Funes. La casa, espaciosa, con jardines y hasta un arroyo, podría resultar un lugar idílico de no ser por el tigre que la habita, que funciona como símbolo del único elemento que perturba la realidad cotidiana en la que viven sus habitantes.
Recomiendo leer este cuento sobre todo por la maestría con que Julio Cortázar juguetea con las palabras y la forma sugerente en que el autor desarrolla la trama. No dice, insinúa, y lo que no muestra en la superficie, lo esencial, se va conformando en lo más profundo del relato, por lo que, como suele ocurrir con las obras de Cortázar, su lectura requiere una atención minuciosa.
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